Por el desierto de Atacama

‘Voy a parar!’, grita Jeannette, ‘Voy a parar ahora mismo!’
Recién pasamos estación Imilac. Una estación abandonada con unas barracas destruidas. Estamos a tres horas manejando en caminos angostos arenosos de Peine, el último pueblo que hemos visto. Estoy agachado encima de mi GPS para introducir Imilac como ‘waypoint’. Antes que se pare el auto llevo lo mío. No veo nada más aparte de una nube pardo rojo que rodea nosotros y el auto. Arena chirría entre mis dientes, está en mis orejas y mi nariz. Lo siento, lo huelo y lo toco. Tal rápido que vino la nube, tal rápido que se levanta y se desaparece. Ya vimos torbellinos antes, a veces tres uno al lado de otro. Arena que decenas, a veces cientos de metros se levanta en el aire como si fuera chupada por la trompa de un elefante. Ahora estuvimos adentro de eso y ni siquiera pude sacar una foto.
‘No pudiste decir de cerrar la ventana?’, digo yo.

Seguimos manejando. Después de unos kilómetros vemos la mina abierta ‘Mina la Escondida’. Hasta que podemos mirar se ven las líneas rectas de la mina. Lomas derechos como una vela y caminos que usan los camiones para transportar su carga.
‘Para nomás’, digo.

Dirección Llullaillaco

Esta es la dirección equivocada. Un poco antes de Imilac hubo un cruce, seguramente el cruce que buscamos. Y así es. Encontramos un letrero roto en la arena. La pintura verde se descascarilló pero dice ‘Llullaillaco’ apenas legible, con una flecha. Este tiene que ser el cruce a Parque Nacional Llullaillaco. El camino que nos lleva también a Vaquillas y finalmente a Taltal en la costa. Manejamos una parte y entendemos en seguida que vérselas y deseárselas con este camino. El auto se desliza de izquierda a derecha en la arena suelta. Nuestra camioneta grande 4×4 tiene grandes problemas para mantener la velocidad y no atrancarse en la arena. Cómo vamos a pasar por eso con nuestro ‘wheelie’ y 35 kilos de equipaje? Nuestras ruedas del ‘wheelie’ se van a hundir profundamente en la arena. Eso se va a atarear. Retornamos y volvemos. Vimos bastante. Ya son las cuatro y media y estamos en la mitad del desierto de Atacama, a 150 kilómetros al sur del Salar de Atacama. Regresamos a Peine, el último pueblo que vimos.
Ayer hablamos con Gonzalo y Enrique en San Pedro de Atacama. Dos guías que van a ayudarnos el próximo año cuando vamos a caminar por Chile. Sobre todo el trayecto de Peine a Taltal es duro. Caminaremos a través del desierto de Atacama. 400 kilómetros sin ver algo o alguien. No hay agua. Podemos cruzar este tramo caminando?

Desde casi una semana estamos en ruta con nuestro 4×4. Manejamos de ciudad a ciudad y hablamos en todas partes con guías de ‘Trekking Chile’ que nos ayudan con nuestra caminata. Hablamos sobre la ruta y la ayuda que necesitamos. Entre medio manejamos partes de la ruta con el auto. Hasta ahora todo iba bien. Unas de las decisiones más importantes que tomamos fueron al principio de nuestras vacaciones en Talca. Unos guías de esta región, un poco al sur de Santiago, tuvieron sus dudas sobre el uso de un caballo como animal de carga. Dudas que también tuvimos. Un caballo toma tiempo. Un caballo necesita atención. Limpiar pezuñas, peinar, comida. Todo eso es tiempo que tal vez podamos gastar más útil. Con unas adopciones a nuestra ruta podemos pasar por todo Chile con nuestro ‘wheelie’. En algunos lugares en que realmente dará problemas pedimos la ayuda de unos Huasos (vaqueros) chilenos. Deshacemos el nudo gordiano. Sin mula en el norte y sin caballo en el sur. Caminaremos durante 7500 kilómetros tirando nosotros el ‘wheelie’.

Pero cómo vamos a hacer eso en el desierto? Arena suelto y sin agua? El ‘wheelie’ va a necesitar unas adopciones. Las ruedas angostas cambiaremos por ruedas anchas. En arena suelta ya no se va a hundir tanto. Con el agua nos van a ayudar Gonzalo y Enrique. Cada 10 kilómetros nos van a dejar una botella de 5 litros de agua y en la mitad del tramo nos van a dejar comida. Así debería ser posible.

Acerca del anochecer llegamos a Peine de vuelta. Un pequeño pueblo contra un cerro al borde del Salar de Atacama. Es Nochevieja. Nada indica que mañana hay un año nuevo. El único negocio en el pueblo está abierto. No hay un bar, no hay fiesta. Cocinamos nuestra propia comida y tomamos una cerveza tibia. Antes de las once ya estamos en la cama. La fiesta del año nuevo nos pasa. Pero estamos contentos. Sabemos y estamos consciente de estaremos de regreso el próximo año, a pie, con el ‘wheelie’. Hasta luego Peine!


Salar de Atacama

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